Hay personas que trabajan en silencio para que Barcelona siga siendo Barcelona. Cristina Thió es una de ellas. Desde 1991, su taller Chroma Restauració lleva tres décadas restaurando los edificios históricos de la ciudad —las molduras del Eixample, los esgrafiados del Born, los frescos del Casco Antiguo— con técnicas que se remontan a más de cuatrocientos años.
Un taller escondido en un palacio
El espacio donde trabaja Chroma no podría ser más apropiado: las antiguas caballerizas de un palacio barcelonés. Techos altos, luz oblicua, olor a cal y aceite de linaza. Un lugar donde el tiempo parece haberse detenido para hacer bien las cosas.
Cristina, licenciada en Bellas Artes y especializada en arquitectura, fundó el proyecto junto a dos amigas. Cada una tomó una especialidad distinta: arquitectura, mobiliario, pintura. Hoy el equipo trabaja en toda la ciudad, siempre con la misma filosofía: lo que se ha construido con conocimiento y oficio merece ser recuperado con el mismo rigor.
El arte de quitar, no de añadir
La restauración, explica Cristina, es más difícil que la creación. Añadir capas es fácil. Retirarlas sin dañar lo que hay debajo requiere precisión quirúrgica, paciencia y un conocimiento profundo de los materiales originales. Han restaurado patrimonio de múltiples épocas: romano, barroco, modernista. Sus proyectos se extienden por el Born, el Eixample, Via Laietana y especialmente el Casco Antiguo.
Por qué esto importa al viajero
Cuando caminas por el Eixample y admiras una fachada modernista impecable, o cuando recorres el Born y te detienes ante un detalle de forja perfectamente conservado, detrás de esa belleza hay muchas horas de trabajo invisible. La ciudad que visitas no se conserva sola.